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Se trata de una construcción que data de 1905 y que ha sido cuidadosamente restaurada para hacerla cómoda y acogedora, preservando intacto todo el encanto y sabor de una típica casa de pueblo. Encanto y sabor que podemos ver en su curiosa distribución en varias alturas, en el entrevigado que asoma en algunas de las habitaciones o en los techos abuhardillados de las plantas altas.
Al interior se accede desde la plaza del pueblo, y allí nos encontramos con la sala de estar, presidida por una chimenea de piedra, como no podía ser menos en una vivienda soriana. Desde la sala, unas escaleritas nos llevan a la cocina, y desde ésta se sale al patio trasero, que con su barbacoa resulta perfecto para organizar comidas al aire libre. En este patio se encontraba el antiguo retrete de la casa, que se ha mantenido pero transformándole en un cómodo cuarto de baño.
A los dormitorios se llega desde un distribuidor, del que sale una escalera que primero nos lleva a una planta abuhardillada que forma parte de una construcción añadida en su día a la edificación original. En esta planta, una salita sirve de unión entre dos habitaciones dobles, una de ellas con cama de matrimonio. Si seguimos las escaleras llegamos a otro nivel en el que se encuentran otros dos dormitorios, uno doble y otro sencillo, así como el cuarto de baño principal.
En la última planta, el antiguo sobrado o desván es hoy una acogedora buhardilla con techos de madera clara en la que hay dos dormitorios dobles –uno con cama de matrimonio- y otro cuarto de baño. |